La música es un lenguaje universal: una simple melodía puede llegar directamente al corazón de un adulto como al de un niño, desencadenando emociones y reacciones diferentes en cada uno de nosotros. Puede ayudar a superar un obstáculo, cambiar nuestro estado de ánimo y condicionar la forma en que nos relacionamos con el mundo.
Por eso la musicoterapia es a menudo una valiosa aliada, sobre todo para ayudar a los niños con autismo a afrontar problemáticas de diversa naturaleza, relacionadas con trastornos a nivel motriz, verbal, social, emocional o cognitivo.
1. Autocontrol y confianza
Generalmente, las personas con autismo presentan una fuerte sensibilidad hacia la música: su escucha les permite relajarse, autocontrolarse, abrirse y también establecer una relación de confianza con el terapeuta.
2. Aprendizaje y comunicación
¿Sabíais que la música estimula ambos hemisferios del cerebro? Además de favorecer la concentración y el compromiso de los niños, permite por tanto llegar donde es más difícil, facilitando la recepción de información y, del mismo modo, la comunicación con los demás, incluso para quienes no son capaces de expresarse autónomamente.
3. Capacidades motrices y sensoriales
El acercamiento a la música y a los instrumentos musicales permite experiencias multisensoriales, es decir, auditivas, visuales y táctiles. También el ritmo, además, tiene su importancia. Ayuda de hecho a los niños con autismo a superar sus dificultades de coordinación y de control a nivel motriz.
Esta breve reflexión no puede sino convencernos de una cosa: escuchar música es bueno para el cuerpo y el alma. Por otra parte, nuestra propia vida está marcada por el ritmo de un latido, el de nuestro corazón. ¡No podemos sino agradecer a quienes, gracias al maravilloso instrumento de la música, ayudan a los niños y a todas las personas con autismo a vivir la mejor vida posible!



