¡El 18 de mayo de cada año se celebra el Día Internacional de los Museos!
Lugares que en algunos de nosotros, adultos, pueden suscitar gran entusiasmo, aburrimiento o simplemente curiosidad.
Pero ¿os habéis preguntado alguna vez qué piensan los niños? Para ellos el mundo es todo una novedad, un descubrimiento continuo. Es bueno, por tanto, que también los museos, cunas del conocimiento, representen para ellos una aventura fantástica, ¡que abrirá sus mentes para navegar hacia nuevas y fascinantes "tierras inexploradas"!
¿Qué puede suscitar una visita al museo en un niño?
Cuanto más entusiasmante e inolvidable resulte la experiencia, más determinante podrá ser para la forma en que los niños se acercan al mundo y a la vida cotidiana. Un hallazgo arqueológico, un cuadro, una fotografía, un tejido, un fósil, un vídeo: ¡de un simple objeto y de su historia puede surgir una magia inesperada!
Las visitas a los museos permiten educar en la belleza. ¿Qué significa esto? No imponer un gusto o una idea, ¡todo lo contrario! Significa enseñar a observar captando un detalle, a construirse una opinión y a distinguir entre lo que nos gusta y lo que no nos agrada. En resumen, educar en la belleza significa hacer que del descubrimiento de lo nuevo surja también la conciencia de uno mismo.
Despertando la curiosidad y la imaginación de los niños, también les ayudaremos a desarrollar una relación diferente y positiva con el conocimiento mismo. Esto no podrá sino tener consecuencias también en la relación con la lectura, con la escuela y con las actividades realizadas en el tiempo libre y en la vida cotidiana.
Por último, pero no por ello menos importante, entrar en contacto con la historia, los objetos, las obras de otras personas ayuda a tomar gradualmente conciencia de la existencia del mundo exterior, a interactuar con el otro y, por tanto, a desarrollar empatía.
Una experiencia positiva en el museo con la familia, con los amigos o con motivo de una excursión escolar puede generar felicidad y entusiasmo. Ayudará a los niños a recordar más fácilmente lo que han aprendido y a despertar en ellos la curiosidad y las ganas de visitar otros museos, de conocer y de descubrir en todos los ámbitos y modos posibles.
¿Cómo hacer inolvidable una visita al museo?
El impacto visual y el ambiente que se respira en un lugar es esencial para hacer que los niños se sientan cómodos, también en el momento del descubrimiento y del conocimiento. Ante todo, por tanto, el museo debe estar diseñado para ser un lugar acogedor para los niños, empezando por la disposición de los espacios, los colores, las exposiciones.
Para captar la atención de los más pequeños es necesario luego la implicación directa. No podemos esperar que entrar simplemente en un lugar lleno de objetos interesantes pueda despertar automáticamente el interés de una persona. La visita al museo debe ser, por tanto, experiencial, emocionante e interactiva: una participación directa en la visita guiada, juegos y talleres ayudarán a obtener la atención de los niños y a hacer que todo sea más ligero, divertido y entusiasmante.
Somos seres humanos y estamos gobernados, aún antes que por la mente, por el corazón, por los sentimientos y por las emociones. Cuando se es niño, todo esto se amplifica a la enésima potencia.
Los museos nacen precisamente para suscitar algo dentro de nosotros: curiosidad y sensibilidad, aún antes que conocimiento. El museo es y debe ser ante todo emoción.



