El Alzheimer es una enfermedad que, además de a la persona afectada, trastorna la vida de toda una familia. Tiene un curso muy largo, estimado entre los 8 y los 20 años, y durante todo este tiempo la persona afectada necesita cada vez más, de forma gradual, que alguien la atienda y se ocupe de ella, ya sea un familiar, un amigo o una persona especializada.
AMOR, FUERZA Y SACRIFICIO
A menudo la figura del cuidador se infravalora y no se tienen en cuenta sus necesidades ni las ayudas que le corresponden. Cualquiera que cuide a un enfermo de una enfermedad degenerativa ve su vida más o menos trastornada desde varios puntos de vista.
1. Implicación emocional
Tras un diagnóstico de Alzheimer de un ser querido, son muchos los sentimientos que entran en juego. El primer impacto es sin duda traumático: saber a qué tendrá que enfrentarse la persona querida, con un destino lamentablemente marcado, es algo difícil de afrontar.
Sin embargo, enseguida aparece también el miedo por lo que le ocurrirá a uno mismo, por las privaciones de tiempo y de energías sacrificadas en favor de la familia, de los propios intereses, de la vida social y del trabajo.
Con la evolución de la enfermedad, la asistencia se vuelve después agotadora no solo desde el punto de vista físico, sino también afectivo, al tener que asistir lamentablemente a la pérdida de lucidez y de los recuerdos de quien se ama, hasta el punto de ya ni siquiera ser reconocido.
2. Vertiente económica
El cuidador debe dedicar gradualmente cada vez más tiempo al enfermo de Alzheimer. Esto conlleva, por desgracia, tener que renunciar a menudo a la propia vida laboral para poder garantizar los cuidados y las atenciones necesarias.
3. Familia y vida social
A veces parece realmente difícil encontrar tiempo para dedicarse a otras personas, además de al enfermo. A la familia, a los amigos e incluso a uno mismo. A menudo el cuidador acaba sintiéndose injustamente culpable, por no dedicar suficiente atención a las demás personas, o por tener que restar tiempo al enfermo.
CONSEJOS
Por todos estos motivos, que implican recursos físicos, sentimientos, relaciones personales y aspectos económicos, es necesaria una buena organización y lucidez, pero sobre todo la capacidad de pedir y recibir ayuda cuando hace falta. Aquí tienes algunos consejos útiles para poder ofrecer los mejores cuidados y, al mismo tiempo, no quedar desbordado por la situación.
Conviene que el cuidador no sea nunca el único
Quien se ocupa principalmente de la persona enferma debe poder encontrar tiempo para sí mismo, para relajarse y "desconectar", pensar en otra cosa y dedicarse a la familia y a los amigos. La tristeza, el aislamiento, la apatía y la frustración tendrían, de hecho, un impacto negativo también en el enfermo, que no podría recibir cuidados y atenciones de manera adecuada. Al asistir a los enfermos de Alzheimer son necesarias, en efecto, empatía, paciencia y escucha, para intentar también aislar posibles comportamientos problemáticos y mantener una situación lo más calmada y serena posible. Por ello resulta fundamental implicar a toda la familia en la asistencia al enfermo y recurrir a los centros de día especializados para recibir ayuda en el cuidado del ser querido.
Recurrir a un psicólogo
Ayudar a los demás no significa no necesitar ayuda uno mismo. Como hemos visto, el cuidador no debe anularse. En el tiempo reservado para uno mismo, también resulta muy útil hablar con un psicólogo, para emprender un camino que beneficie al propio bienestar mental. No subestimemos nunca el estrés y la carga emocional que un cuidador soporta a diario.
La información y el apoyo son esenciales para prestar una asistencia adecuada
Conocer la enfermedad, sus implicaciones y su evolución, ayuda sin duda a prepararse y a saber gestionar mejor la situación. Además, es muy importante poder contar siempre con el propio médico y con centros especializados para recibir consejos y apoyo profesional en la gestión del día a día o de situaciones particulares, así como por el sencillo, pero indispensable, consuelo que aportan.
Beneficios fiscales y económicos
En Italia existen diversos beneficios para los cuidadores, como deducciones del IRPF, ayudas fiscales y la prestación por dependencia. Conviene verificar con un profesional la posibilidad de solicitar también un apoyo económico.
No podemos olvidarnos del Alzheimer, ni de quien ofrece amorosamente sostén y apoyo a las personas enfermas. Nadie debe quedarse solo: este es el sentido del Día Mundial del Alzheimer. La sensibilización, el conocimiento y la cercanía son las mejores aliadas contra la indiferencia.




