El 20 de noviembre es el Día Mundial de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia.
Esta jornada nació en conmemoración de la Convención sobre los Derechos del Niño, redactada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989. Sin embargo, el hambre, las guerras y la pobreza persisten: aún hoy son muchísimos, demasiados, los niños que no pueden vivir una vida digna de los derechos de los que deben disfrutar.
Es bueno, por lo tanto, recordar en esta ocasión cuáles son los pilares, los cuatro principios fundamentales en los que se basa la convención:
- No discriminación (art. 2). Todos los derechos promovidos por la Convención están garantizados para todos los menores del mundo, de cualquier sexo, raza, lengua o religión.
- Interés superior del niño (art. 3). En cada ocasión y en cualquier ley o disposición, el interés del menor es imprescindible y debe representar la prioridad.
- Derecho a la vida, a la supervivencia y al desarrollo del niño y del adolescente (art. 6). Cada nación está obligada a comprometerse con todos los medios posibles a garantizar la salud y un crecimiento sano a todos los niños.
- Escucha de las opiniones del menor (art. 12). La opinión del niño o de la niña es importante y debe ser respetada en todos los procesos decisorios que le conciernen. Por lo tanto, las instituciones y los adultos están obligados a solicitarla, escucharla y tenerla en cuenta en cada ocasión.
Artículo 38. Cada niño tiene derecho a ser protegido de la guerra.
Hoy la atención se centra especialmente en el artículo 38 de la Convención, que habla claro y denuncia abiertamente que, aún hoy, no somos capaces de garantizar protección y seguridad a niños inocentes.
La violación de este derecho niega, de hecho, también todos los demás. Para un niño que vive el horror de la guerra no hay protección de ningún tipo, ni para su salud y educación, ni contra el hambre y la pobreza. Sobre todo, no se protegen sus derechos a la vida y a un crecimiento sano, próspero y feliz.
SEGURIDAD Y FUTURO. Es lo más simple y lo más importante que podemos garantizar a nuestros niños. Prácticamente los damos por sentado cada día, sin embargo, la realidad nos está demostrando que aún queda mucho camino por recorrer para vivir en un mundo alejado de la violencia y las guerras.



